
La aprobación de la Ley de Ingresos hecha en las Cámaras de Diputados y Senadores es apenas un anuncio del terror que comenzará a partir de enero. De suyo el primer mes del año es considerado uno de los más difíciles, llamado por ello la cuesta de enero, será la entrada en vigor de los nuevos impuestos que su simple aprobación es considerada una necedad y una agresión a los bolsillos de los pequeños y medianos contribuyentes, porque los grandes –gigantescos—ya el propio presidente Felipe Calderón Hinojosa ha reconocido que no pagan los gravámenes como debieran.
Sin embargo, eso no es lo más grave del problema. No. Aunque quienes ahora les de por leer esto, me tilden de absurdo. El problema no es sólo pagar los impuestos, que de por sí son hartos y onerosos y no se reditúa nada en servicios, o cuando eso ocurre se reditúa en servicios de mala o malísima calidad. Es por eso que le damos la más cordial bienvenida al horror para el año próximo.
No explicamos: Además de los incrementos a los impuestos sobre la renta y al valor agregado y a otros servicios y necesidades, los mexicanos nos tenemos que sortear a una galopante y extendida red delicuencial que tiene tres vertientes, a la extorsión, a la estafa y a los secuestros. De lo contrario, si no se quiere ser víctima, se tienen que hacer erogaciones para la protección y la seguridad contratando personal para tal fin.
Sin embargo, sino se tiene esa posibilidad de contratar personal para la protección tiene uno que vivir con el temor de que se cumplan las amenazas vertidas por teléfono, ya sea al celular o a la vivienda, o bien cumplir las exigencias de entregar dinero pero como los malandrines no entregan recibos entonces eso no se puede meter como deducible.
Los impuestos decíamos no los van a solventar ni los pobres, porque no tienen y se mantienen gracias al subempleo y menos los ricos inversionistas, agraciados con la manida justificación de promoción de inversiones. Los impuestos serán cubiertos por una clase media o media alta, que viven de sus ingresos salariales y que, dicho sea de paso, ha perdido poder adquisitivo.
Son estos también los mayores afectados por la inseguridad, porque tienen un poco más pero no tanto para contratar guardaespaldas, y quienes son víctimas de las constantes llamadas de extorsión con amenazas.
Quienes tienen dinero ilícito y lo acrecientan exponencialmente gracias a esas actividades fuera de legalidad, no tienen mucho de que preocuparse. Porque ya ha quedado más que demostrado que tienen mayor poder que el Estado, esa institución que en lugar de proteger a los ciudadanos, sólo ofrece explicaciones del porque no puede terminar con las diferentes formas del crimen.
El terror se incrementará en la medida de quienes tengan que contribuir con la Hacienda nacional tengan que buscar otros mecanismos de ingresos económicos sin que reporten los molestos pagos de los impuestos. Es decir ganar más sin pagar la renta fiscal. ¿Cómo le harán? De las múltiples formas que les parezca, y como la ineficiencia del gobierno para hacer valer la ley es patética pueden abarcar las actividades extralegales, pero muy pocos estarán en la conformidad de ver reducidos sus ingresos para incrementar las de las Haciendas públicas.
Aunado a ello, que muchas pequeñas y medianas empresas, que tienen pocos empleados, podrán sostenerse y tendrán que pasar a ser empresas familiares, con el consecuente despido de personal… Con todo esto, lo único que nos espera es el terror, con un cártel de grandes letras que diga: Bienvenidos al infierno.
Porque el incremento de impuestos no es el problema, sino el anuncio de graves consecuencias.
Sin embargo, eso no es lo más grave del problema. No. Aunque quienes ahora les de por leer esto, me tilden de absurdo. El problema no es sólo pagar los impuestos, que de por sí son hartos y onerosos y no se reditúa nada en servicios, o cuando eso ocurre se reditúa en servicios de mala o malísima calidad. Es por eso que le damos la más cordial bienvenida al horror para el año próximo.
No explicamos: Además de los incrementos a los impuestos sobre la renta y al valor agregado y a otros servicios y necesidades, los mexicanos nos tenemos que sortear a una galopante y extendida red delicuencial que tiene tres vertientes, a la extorsión, a la estafa y a los secuestros. De lo contrario, si no se quiere ser víctima, se tienen que hacer erogaciones para la protección y la seguridad contratando personal para tal fin.
Sin embargo, sino se tiene esa posibilidad de contratar personal para la protección tiene uno que vivir con el temor de que se cumplan las amenazas vertidas por teléfono, ya sea al celular o a la vivienda, o bien cumplir las exigencias de entregar dinero pero como los malandrines no entregan recibos entonces eso no se puede meter como deducible.
Los impuestos decíamos no los van a solventar ni los pobres, porque no tienen y se mantienen gracias al subempleo y menos los ricos inversionistas, agraciados con la manida justificación de promoción de inversiones. Los impuestos serán cubiertos por una clase media o media alta, que viven de sus ingresos salariales y que, dicho sea de paso, ha perdido poder adquisitivo.
Son estos también los mayores afectados por la inseguridad, porque tienen un poco más pero no tanto para contratar guardaespaldas, y quienes son víctimas de las constantes llamadas de extorsión con amenazas.
Quienes tienen dinero ilícito y lo acrecientan exponencialmente gracias a esas actividades fuera de legalidad, no tienen mucho de que preocuparse. Porque ya ha quedado más que demostrado que tienen mayor poder que el Estado, esa institución que en lugar de proteger a los ciudadanos, sólo ofrece explicaciones del porque no puede terminar con las diferentes formas del crimen.
El terror se incrementará en la medida de quienes tengan que contribuir con la Hacienda nacional tengan que buscar otros mecanismos de ingresos económicos sin que reporten los molestos pagos de los impuestos. Es decir ganar más sin pagar la renta fiscal. ¿Cómo le harán? De las múltiples formas que les parezca, y como la ineficiencia del gobierno para hacer valer la ley es patética pueden abarcar las actividades extralegales, pero muy pocos estarán en la conformidad de ver reducidos sus ingresos para incrementar las de las Haciendas públicas.
Aunado a ello, que muchas pequeñas y medianas empresas, que tienen pocos empleados, podrán sostenerse y tendrán que pasar a ser empresas familiares, con el consecuente despido de personal… Con todo esto, lo único que nos espera es el terror, con un cártel de grandes letras que diga: Bienvenidos al infierno.
Porque el incremento de impuestos no es el problema, sino el anuncio de graves consecuencias.



